Capriccio, de Richard Strauss (Foto Ken Howard. Cortesía Metropolitan Opera)
Si de algo puede jactarse Capriccio, la última ópera del compositor Richard Strauss, es de suscitar polémica.
Pedante para algunos, parlanchina, mínimamente dramática, platillo gourmet sobre ópera para fanáticos de la ópera, meta-ópera, son algunas de las etiquetas que la pieza se ha ganado a lo largo de las décadas, y que este sábado estará en la pantalla del Teatro Eugene O’Neill como parte de la temporada del HD Live from the Met, con un reparto encabezado por una de las grandes favoritas del público estadounidense: la soprano Renée Fleming, que ha hecho de la ópera uno de sus tour de force.
Definitivamente, Capriccio es una obra para conocedores de Strauss, y si debemos resumir su esencia, cabe en una pregunta: ¿qué es más importante, las palabras o la música? Capriccio (Op.85) es la ópera final del alemán Richard Strauss, quien la subtituló desde el inicio “Una pieza de conversación para música”. Estrenada el 28 de octubre de 1942 en el Nationaltheatre de Munich, con libretto del compositor y de Clemens Krauss sobre una idea de Stefan Zweig (que se suicidó justo el año del estreno) desarrollada luego por Joseph Gregor. Strauss tomó el libreto él mismo y finalmente reclutó a Krauss para depurarlo. Krauss mismo dirigió el estreno.
Fue estrenada siete años antes de la muerte del compositor, y desde el inicio quedó claro que la ópera cuenta con una acción dramática verdaderamente mínima.
El tema central es la historia de la condesa Madeleine, dividida entre dos pretendientes: Olivier, un poeta, y Flamand, un compositor. En su salón en las afueras de París, los dos se preparan para la celebración de su cumpleaños y luchan por ganarse su afecto debatiendo los méritos de las palabras frente a la música.
Al debate se une un director de teatro, La Roche; una actriz, Clairon; el hermano de la condesa; y un par de cantantes de ópera italiana.
Las palabras y la música, por supuesto, se unen para crear la ópera, un género artístico único. Capriccio tiene reputación como ópera “para entendidos”, una ópera sobre la ópera para amantes del género. Recientemente, ha sido descrita por la crítica como una “meta-ópera”.
El extraño clima de la pieza podía explicarse por la oscura época en que fue compuesta, en plena II Guerra Mundial, en una nación (Alemania) que vivía momentos angustiosos dentro y fuera de sus fronteras. A pesar de haber tratado de evitar constantemente la política, a sus 78 años Strauss había pasado por una encrucijada con el gobierno nazi: preocupado por la seguridad de sus amigos judíos, y manipulado por los Nazis gracias a su popularidad mundial, finalmente aquellos lo habían marginado calificando a su música de “pasada de moda”, y le cobraran su colaboración con escritores judíos.
En ese angustioso clima, Capriccio parece volver los ojos a un pasado más feliz, en el que personajes de clase alta podían debatir sobre el peso de la música y la palabra; la trama, si se puede llamar así, la desarrolla una hermosa condesa y sus dos pretendientes.
Izq a der: Russell Braun (Olivier), Sarah Connolly (Clairon) y Joseph Kaiser (Flamand. Foto Ken Howard/Cortesía Metropolitan Opera.
Los personajes
Capriccio nos presenta los siguientes personajes:
La Condesa Madeleine (soprano)
Flamand, músico (tenor)
Olivier, poeta (barítono)
Clairon, actriz (contralto)
El conde, hermano de la condesa (barítono)
La Roche, director de teatro (bajo)
Monsieur Tape (tenor)
El mayordomo (bajo)
Dos cantantes italianos (soprano y tenor)
Ocho sirvientes (cuatro tenores, cuatro bajos)
Tres músicos
La trama
La cuestión de si es más importante la palabra o la música es dramatizada por la historia de la condesa y sus pretendientes, uno poeta y el otro compositor.
En el palacio de Madeleine se desarrolla un ensayo para el recientemente compuesto sextet de Flamand. Este y Olivier debaten los méritos relativos de música y texto, en tanto el director del teatro, La Roche, despierta de una siesta y les recuerda que los empresarios son necesarios para llevar su obra a la vida. Olivier ha escrito una nueva obra para el cumpleaños de la Condesa, al día siguiente, y proceden a ensayarla.
La Condesa y su hermano, el Conde, discuten sobre sus respectivos pretendientes. El molesta a su hermana sobre el hecho de que su amor por la música la lleva irremediablemente a Flamand; en tanto, ella apunta a su hermano que su amor por las palabras lo tiene permanentemente atraído por la actriz Clairon.
El Conde prefiere los romances cortos, mientras la Condesa espera una amor permanente y duradero, pero no logra decidirse entre Flamand y Olivier.
Clairon llega, y junto al Conde leen parte de la obra de Olivier, que culmina en un soneto de amor; parten luego para ensayar en el teatro.
Olivier cuenta a la Condesa el significado del soneto; sin embargo, Flamand ha puesto el soneto en música y lo canta, opacando a Olivier. Mientras Flamand declara su amor por la Condesa, a Olivier se le pide hacer varios cortes en su obra.
La Condesa solicita a Flamand encontrarse al día siguiente en la biblioteca, donde le dará a conocer su decisión romántica. Mientras se sirven bocadillos, cantantes y bailarines entretienen a los invitados.
La Roche describe las festividades de cumpleaños, que durarán dos días: primero el Nacimiento de Palas Atenea y luego La Caída de Cartago. Los invitados se burlan, pero éste defiende su fe por el teatro.
Después de retar a Flamand y Olivier a crear nuevas piezas maestras, la Condesa les comisiona a los dos colaborar para una ópera, cuyo tema será justamente los eventos sucedidos esa misma tarde.
El Conde y Clairon parten a París con la compañía teatral. En la escena final, mientras la luna brilla, la Condesa relata que Olivier y Flamand se encontrarán con ella en la biblioteca para aprender cuál es el final de la ópera.
Todavía indecisa, ella canta sobre lo inseparable de las palabras y la música, y consulta a su espejo para tratar de decidirse. El mayordomo anuncia que la cena está servida, y la ópera concluye.
Renée Fleming como la Condesa Madeleine, en Capriccio (Cortesía Metropolitan Opera)
Tres son multitud: Diana Damrau (Adèle), Juan Diego Flórez (Ory) y Joyce DiDonato (Isolier). Foto de Marty Sohl/cortesía Metropolitan Opera.
Hizo bien el Metropolitan Opera en programar este año Le Comte Ory, de Gioacchino Rossini. Hizo bien, porque incluso mucho aficionado a la ópera no conoce la graciosa y hermosa pieza del italiano maestro de la comedia musical.
Eso quedó claro en la sala del Teatro Eugene O’Neil hoy durante la transmisión satelital de la pieza, parte de la temporada 2010-2011 del HD Live from the Met, como también quedó claro que la dupla Rossini-Metropolitan logró conquistar hasta a los menos familiarizados con la obra.
Opera en dos actos compuesta sobre un libreto en francés de Eugène Scribe y Charles-Gaspard Delestre-Poirson, Le Comte Ory se estrenó en agosto de 1828 y estuvo en el repertorio francés durante más de 20 años hasta que la ausencia de un tenor capaz de asumir el rol principal hizo que cayera en desuso. Hoy podemos afirmar que, con Juan Diego Flórez, se ha vuelto a encontrar un Ory a la medida.
Primera vez que la ópera rossiniana subía al escenario metropolitano. En su presentación, Renée Fleming lo explicó indicando que la pieza requiere un trío de estrellas del bel canto que, hasta ahora, fue posible tener a mano.
Un reparto notable, encabezado por el trío de protagonistas: Flórez como el Conde, Joyce DiDonato como su paje y Diana Damrau como la Condesa Adèle, objeto del deseo de ambos. Del resto, excelentes a nivel de aplauso el bajo Michele Pertusi como el tutor del Conde, y la contralto Susanne Resmark como Ragonde, la dama de compañía de la Condesa, así como el barítono Stéphane Degout como Raimbaud.
El montaje atinó correctamente en los elementos clave para cautivar al público: precisión y buen manejo de la técnica vocal requerida para las óperas de Rossini, capacidad histriónica y vis cómica, y una escenificación impecable, tan característica de la institución neoyorquina.
Flórez, Damrau y DiDonato brillaron. Es difícil tratar de decidir cuál de los tres logró un mejor dominio de su personaje en todo sentido, y a la larga no vale la pena: juntos nos hicieron pasar un par de horas de encanto sin límites.
Por si fuera poco, el final del montaje, deliciosamente atrevido, nos asombró con un “menáge à trois” en cama de los personajes principales que posiblemente retó los esquemas de muchos de los presentes en la sala. Un final “a la francesa”, dirían algunos con razón y, a juzgar por la reacción del público, el Met dio en el clavo.
Dato anecdótico, Fleming anunció, al iniciar la transmisión, que una hora antes Juan Diego Flórez se convirtió en padre, lo que retomó luego en su entrevista con el tenor peruano: Leandro, el hijo de Flórez, nació este sábado poco antes de que su padre se lanzara a escena.
Este memorable Ory será sin duda una de las grabaciones de las que hay que estar pendiente cuando el Met la saque en DVD.
El Metropolitan Opera reveló en su sitio web las primeras imágenes de la temporada 2011-2012: Anna Netrebko, Mariusz Kwiecien, Jonas Kaufmann, Gary Lehman, Deborah Voigt; Faust, Manon, Götterdämmerung, Anna Bolena, Don Giovanni, Siegfried. Acá, un anticipo.
Natalie Dessay en el papel titular de Lucia di Lammermoor. (Foto: Ken Howard/cortesía del Metropolitan Opera)
Cuando hablamos de Lucía di Lammermoor, como se dice entre periodistas, las malas noticias son buenas noticias. Son malas: es un drama de sangre, traición y amores destruídos; son buenas: es una de las historias más amadas de la ópera, y ocasión brillante sobre todo para las sopranos.
La historia de la sangrienta novia de Lammermoor será este fin de semana el plato fuerte de la lírica, durante la función en vivo que ofrece el programa HD Live from the Met (sábado, 11 am, en el Teatro Eugene O’Neill del Centro Cultural Costarricense Norteamericano).
Lucia di Lammermoor, ópera en tres actos, fue compuesta por Gaetano Donizetti, con libreto de Salvatore Cammarano basado en la novela The Bride of Lammermoor de Sir Walter Scott. Fue estrenada en Nápoles el 26 de setiembre de 1835.
Donizetti escribió posteriormente una versión francesa de la ópera. Lucie de Lammermoor fue comisionada para el Théâtre de la Renaissance de París y presentada el 6 de agosto de 1839, con libreto fue escrito por Alphonse Royer y Gustave Vaëz.
Esta versión en lengua francesa no es una simple traducción, sino que presenta varias alteraciones en algunas escenas y personajes.
Entre los cambios más notables se citan la desaparición del rol de Alisa. Sumado a eso, disminuye considerablemente la participación de Raimondo y crece el personaje de Arturo. De esta manera, la versión francesa presenta una Lucia más sola y desamparada, y el impacto emocional resulta más fuerte.
Donizetti creó además un nuevo personaje, Gilbert, basado libremente en el guardia de la versión original. Sin embargo, es una figura más desarrollada, que sirve igualmente a Enrico y Edgardo, divulgando sus secretos al otro por dinero.
Suele ser representada con menor frecuencia que la versión italiana. Existen versiones filmadas con Patricia Ciofi y Natalie Dessay.
Fanny Tacchinardi Persiani, la Lucía original
Estrenada originalmente por Fanny Persiani, la escena capital de la ópera es la Escena de la locura, en el tercer acto, que resume todas las escenas de locura típicas de las óperas belcantistas amén de contener de las notas para soprano más altas del repertorio: dos mi bemoles sobreagudos (una nota aún más alta la encontramos en la ópera de Mozart, La flauta mágica: un fa sobreagudo; y más aguda aún, en un aria para concierto, también de Mozart, Popoli di Tesaglia, donde la soprano alcanza dos sol sobreagudos, la nota más aguda dentro del repertorio clásico).
Cabe destacar que estas notas no están escritas en la partitura, y son interpretadas o no por determinadas cantantes a manera de “embellecimientos” no siempre aprobados por los puristas. Por ello, durante décadas Lucia era considerada apenas como una pieza de artificio para demostrar las capacidades vocales de las sopranos ligeras como Nellie Melba,Adelina Patti, Luisa Tetrazzini, Amelita Galli-Curci, Lina Pagliughi o Lily Pons.
Sin embargo, luego de la Segunda Guerra Mundial, María Callas lideró un movimiento de restitución de sus valores dramáticos y expresividad a partir de la escritura tal como había sido escrita. El triunfo de Callas en la parte produjo una serie de notables Lucias que la sucedieron en especial Joan Sutherland. Otras intérpretes del personaje contemporáneas dignas de mención fueron Beverly Sills, Renata Scotto, Montserrat Caballé, Anna Moffo, Edita Gruberová, June Anderson, Mariella Devia y Natalie Dessay. Con tan notable lista de cantantes, el papel de Lucía se ha convertido en una de las piedras de toque del registro, y actualmente es una de las óperas fundamentales del repertorio teatral y discográfico.
La acción
La novela de Walter Scott está basada en un hecho real que aconteció en las Tierras Bajas Escocesas en 1669. La historia narra la lucha entre dos familias, los Ashton y los Ravenswood. Cuando se inicia la ópera, los Ashton están en su apogeo y han tomado posesión del Castillo Ravenswood, la casa ancestral de sus rivales. Edgardo de Ravenswood, último sobreviviente de su familia, ha sido obligado a vivir en una torre solitaria en el mar, conocida como Wolf’s Crag. A pesar del buen momento que viven los Ashton, se han visto amenazados por los cambios políticos y religiosos. Enrico Ashton espera ganar la protección del influyente Arturo, casándolo con su hermana Lucia.
Los personajes de la obra son Lucia Ashton (soprano), Enrico Ashton, su hermano y señor de Lammermoor (barítono); Edgardo de Ravenswood, enamorado de Lucía y enemigo de su hermano (tenor); Lord Arturo Bucklaw, noble prometido a Lucía (tenor); Raimondo Bidebent, capellán del castillo de los Lammermoor (bajo); Alisa, dama de compañía de Lucía (mezzo); y Normanno, jefe de la guardia del castillo (tenor).
La sinopsis de la ópera es la siguiente: Acto I Escena primera: en los jardines del castillo de Ravenswood
Normanno, capitán de la guardia del castillo, acompañado por otros sirvientes, busca a un intruso. El capitán le cuenta luego a Enrico que sospecha que el intruso es Edgardo, y que viene al castillo para encontrarse con Lucia. Cuando se descubre que la sospecha de Normanno era cierta, Enrico confirma el odio que siente por la familia de Edgardo y su determinación por terminar la relación entre él y su hermana.
Escena segunda: una fuente en la entrada del parque, vecino al castillo.
Lucia espera a Edgardo. En su famosa aria, Regnava nel silenzio, Lucia le cuenta a su sirvienta, Alisa, que ha visto el fantasma de una niña asesinada en ese mismo lugar por un ancestro de los Ravenswood celoso. Alisa ve en esa aparición un mal presagio y advierte a Lucia que debe desistir de su amor. Entra Edgardo y explica que por razones políticas debe partir inmediatamente a Francia. Él confía en hacer las paces con Enrico y casarse con Lucia, pero ante las dudas de ella de que su hermano acepte esto, ambos se comprometen y se intercambian anillos como símbolo de su voto. Acto II Escena primera: las habitaciones de Lord Ashton, en el castillo de Ravenswood.
Avanzan los preparativos para la inminente boda de Lucia y Arturo, y Enrico está preocupado por la decisión que pueda tomar Lucia a último momento. Para disipar sus dudas, le muestra una supuesta carta escrita por Edgardo que prueba que la ha olvidado y que tiene un nuevo amor. Enrico deja a Lucia en manos de Raimondo, su capellán y tutor, quien la intenta convencer de que renuncie a su compromiso con Edgardo por el bien de su familia, y de que se case con Arturo. Escena segunda: una salón en el castillo
El novio se presenta. Lucia actúa extrañamente, pero Enrico intenta convencer a los demás de que se debe a la muerte de su madre. Arturo firma el contrato nupcial, y Lucia hace lo mismo pero reticente. Edgardo aparece repentinamente y amenaza a los presentes. Raimondo evita un enfrentamiento, y le muestra la firma de Lucia en el contrato dando al lugar al famoso sexteto de la ópera, clásico de la literatura lírica. Edgardo, indignado, la maldice y la fuerza a devolver los anillos de su compromiso, antes de lanzarlo al suelo y ser obligado a abandonar el castillo. Acto III Escena primera: la torre Wolf’s Crag
Enrico visita a Edgardo para retarlo a un duelo. Le menciona que Lucia ya está disfrutando la noche de bodas. Edgardo acepta el reto de pelear contra Enrico más tarde en el cementerio de los Ravenswood, cerca de la torre. Escena segunda: un salón en el castillo
Raimondo interrumpe las celebraciones de la boda para comentar a los invitados que Lucia se ha vuelto loca y ha matado a su esposo. Lucia aparece en la célebre Escena de la locura en cuya primer aria Il dolce suono se imagina con Edgardo a punto de casarse. Enrico aparece y al principio amenaza a Lucia pero luego se calma cuando se da cuenta de la locura de su hermana (”escena de la locura”). Lucia sufre un colapso. Escena tercera: el cementerio de la familia Ravenswood
Edgardo se convence de dejarse matar por Enrico. Se entera de que Lucia se está muriendo, minutos después, Raimondo le da la noticia que la joven ha muerto. Edgardo se apuñala esperando unirse con ella en el cielo.
Barron, Speedo Green, Johnson, Lim y Sly: los cinco ganadores del prestigioso concurso norteamericano.
La Metropolitan Opera anunció hoy los ganadores de las National Council Auditions 2011: el bajo barítono Joseph Barron, de Pittsburg; el bajo barítono Ryan Speedo Green, de Virginia; la soprano Michelle Johnson, de Pearland (Texas); el barítono surcoreano Joseph Lim; y el bajo barítono Philippe Sly, de Ottawa (Canadá).
Los ganadores fueron seleccionados de entre ocho finalistas, quienes interpretaron arias con la Orquesta del Met, dirigida por Patrick Summers. Cada ganador recibirá un premio de $15 mil y la oportunidad de lanzar una carrera operística de primera línea.
El Concierto de Gran Final contó con la mezzo soprano Joyce DiDonato como anfitriona, y la participación del tenor Lawrence Brownlee (a su vez ganador de las Auditions en 2001), que interpretó “Je crois entendre encore” de Les Pêcheurs de Perles y “Ah! mes amis” de La Fille du Régiment, durante la deliberación de los jueces.
Cerca de 1.500 cantantes entre los 20 y 30 años participaron en las audiciones de este año, que se desarrollan en 41 distritos y 14 regiones en Estados Unidos y Canadá, y son patrocinadas por el Metropolitan Opera National Council. Dado el alcance de las audiciones, el número de participantes y la larga tradición asociada a ellas, las Metropolitan Opera National Council Auditions son consideradas el espacio más prestigioso en América del Norte para cantantes que buscan lanzar sus carreras operísticas.
Incluso más importante que el premio en efectivo es la oportunidad de los participantes de presentarse con la Metropolitan Opera Orchestra en el histórico escenario frente a una audiencia que incluye ejecutivos de la compañía de ópera, manejadores de artistas, críticos musicales y formadores de opinión en el mundo musical. Algunos de los ganadores son invitados a unirse al Metropolitan Opera Lindemann Young Artist Development Program, que apoya a jóvenes talentos con su entrenamiento y oportunidades de presentarse en el Met.
Los otros finalistas (la soprano Deanna Breiwick, la soprano Sasha Djihanian y el bajo Nicholas Masters) recibieron un premio de $5.000.
Ganadores anteriores de las Met Auditions incluyen a algunos de los artistas de la ópera actuales como Stephanie Blythe, Renée Fleming, Susan Graham, Nathan Gunn, Ben Heppner, Hei-Kyung Hong, Samuel Ramey, y Deborah Voigt.
La soprano Anna Netrebko no solo abrirá la nueva temporada con Anna Bolena, sino que encarnará a la heroína de Massenet: Manon
El Metropolitan Opera House anunció hoy la nueva temporada 2011-2012 de su popular serie The Met: Live in HD, que presentará 11 transmisiones, a partir del 15 de octubre, con Anna Bolena (Donizetti), seguida de Don Giovanni (Mozart, 29 octubre), Sigfrido (Wagner, 5 noviembre), Satyagraha (Glass, 19 noviembre), Rodelinda (Haendel, 3 diciembre), Fausto (Gounod, 10 diciembre), La isla encantada (pasticcio en premiere mundial, 21 enero), Götterdämmerung (Wagner, 11 febrero), Ernani (Verdi, 25 febrero), Manon (Massenet, 7 abril) y La Traviata (Verdi, 14 abril).
Las transmisiones presentarán a los cantantes, directores y escenógrafos de mayor fama en el mundo, en siete nuevas producciones, incluyendo una premiere mundial y premiere en el Met, y cuatro reposiciones.
La temporada incluirá Anna Bolena, de Donizetti, con Anna Netrebko en el rol titular, bajo la batuta de Marco Armiliato; La Isla Encantada, premiere mundial del pasticcio barroco con libreto original de Jeremy Sams y música de Haendel, Vivaldi, Rameau y otros compositores, dirigida por William Christie y con la participación de Joyce DiDonato, Danid Daniels y Plácido Domingo.
También tendrá lugar el debut en el Met de los escenógrafos galardonados con el Tony Michael Grandage y Des McAnnuff con nuevas producciones de Don Giovanni (dirigido por James Levine y con Mariusz Kwiecien) y Fausto (dirigido por Yannick Nézet-Séguin y protagonizado por Jonas Kaufmann); una nueva producción de Manon, de Massenet, con Netrebko dirigida por Fabio Luisi, y la tercera y cuarta parte de la producción de Robert Lepage de El Anillo de los Nibelungos: Siegfried y Götterdämmerung, ambas dirigidas por Levine y estelarizadas por Deborah Voigt y Gary Lehman. “Nuestra nueva temporada de las transmisiones en vivo y alta definición desde el Met refleja la temporada completa de la casa de ópera”, indicó el Director General de la institución, Peter Gelb. “Es una experiencia emocionante para toda la compañía, poder seguir sirviendo a nuestra audiencia global”.
La serie The Met: Live in HD ha sido galardonada con los premios Peabody y Emmy, y será vista en cerca de 1.500 teatros en 46 países.
La nueva temporada
Anna Bolena - Gaetano Donizetti (Live in HD: Octubre 15 1 p.m./ET) Don Giovanni - Wolfgang Amadeus Mozart (Live in HD: Octubre 29 1 p.m./ET) Siegfried - Richard Wagner (Live in HD: Noviembre 5 12 p.m./ET) Satyagraha - Philip Glass (Live in HD: Noviembre 19 1 p.m./ET) Rodelinda - George Frideric Handel (Live in HD: Diciembre 3 at 12:30 p.m./ET) Faust - Charles Gounod (Live in HD: Diciembre 10 1 p.m./ET) The Enchanted Island (Live in HD: Enero 21 1 p.m./ET) Götterdämmerung - Richard Wagner (Live in HD: Febrero 11 12 p.m./ET) Ernani - Giuseppe Verdi (Live in HD: Febrero 25 1 p.m./ET) Manon - Jules Massenet (Live in HD: Abril 7 12 p.m./ET)
La Traviata - Giuseppe Verdi (Live in HD: Abril 14 1 p.m./ET)
Acto 1 de “Nixon in China”: Janis Kelly como Pat Nixon y James Maddalena como Richard Nixon.
Foto: Ken Howard/cortesía del Metropolitan Opera
Corría el año 1983, y el compositor estadounidense John Adams conoció al afamado director escénico Peter Sellars. Durante la conversación, Sellars sugirió una idea: una ópera política, basada en el histórico encuentro, en 1972, entre Richard Nixon y el líder chino Mao Zedong. Escéptico al inicio, Adams pronto acogió la idea: la ópera, siempre ocupada de mitos y arquetipos, podía encontrar en ambos líderes los personajes propios de nuestro tiempo.
Nació así la que desde el inicio se convirtió en “la ópera estadounidense esperada con más entusiasmo”: Nixon in China.
Aunque muchos la recibieron como una sátira, sus creadores (además de Adams y Sellars, la libertista Alice Goodman) explicaron que no debía entenderse como una critica política, e hicieron una ópera comprensiva, casi heroica, enmarcada por unas elegantes rimas pareadas.
Adams inició la composición en 1985, y la concluyó dos años más tarde. La obra se estrenó en octubre de 1987 en la Houston Grand Opera.
De todas las composiciones de Adams quizás la más conocida sea Nixon in China, que en 1989 obtuvo el Premio Grammy a la «Mejor composición contemporánea» (Best Contemporary Composition). Con ella, Adams hizo historia en el mundo de la ópera al iniciar un nuevo tipo de teatro musical, considerado como post-moderno, en el que se mezclan ópera, danza, video y proyecciones.
El montaje original de Sellars se ha visto en Nueva York, Washington, Ámsterdam, Edimburgo, Los Ángeles, París, Adelaida y Fráncfort y se han hecho nuevas producciones que se han presentado en Chicago, Helsinki (en finlandés) y Bielefeld (en alemán). Hay también una versión en concierto.
La obra fue comisionada por la Brooklyn Academy of Music, la Houston Grand Opera y el Kennedy Center. Se centra en seis personajes clave: el presidente Nixon y su esposa Pat, Chiang Ch’ing y el presidente Mao; y los dos asesores de ambos mandatarios, Henry Kissinger y Zhou Enlai.
Los primeros dos actos de Nixon in China se llenan con acontecimientos que parecen saltar directamente de los titulares al escenario: el aterrizaje en Pekín, el aria sobre el poder de la televisión, la reunión con Mao en el gabinete presidencial, el elaborado banquete formal. Sin embargo, en el último acto, el humor se vuelve melancólico e introspectivo y los personajes principales mienten en una cama estrecha y meditan sobre sus fallos y aciertos; para ellos, Adams escribió algunos pasajes de la música más conmovedora que nunca ha compuesto. Continue reading Una ópera en tono de mito moderno
La fille du régiment (La hija del regimiento), ópera cómica en dos actos con música de Gaetano Donizetti y libreto en francés de Gollmick, basado en una pieza de St. Georges y Bayard.
Fue estrenada el 11 de febrero de 1840 en la Opéra-Comique de París. Nuestra ópera de hoy.
Natalie Dessay como Marie, la hija del regimiento.
Los ojazos verdes de Magda Olivero miran con la intensidad propia de las grandes divas. Se prepara a cantar un aria de la complicada ópera Francesca da Rimini, de Zandonai. El piano da sus primeros acordes, y Magda se lanza al personaje. Intensa, con una voz quebrada pero segura de lo que hace.
Y tiene que estarlo. Estamos en 2010, y Magda cumple la histórica y casi “guinessiana” cifra de 100 años.
Nacida en Saluzzo, Italia, un 25 de marzo de 1910, la soprano Magda Olivero no solo está considerada como una de las más grandes cantantes de la ópera verista, sino que es un monumento viviente: posiblemente la cantante de ópera más longeva de la historia, la última de las sopranos del verismo, y como la han llamado “una cantante para tres generaciones”.
Sus primeros profesores encontraron su voz deficiente. No obstante, ella perseveró, continuando sus estudios con Luigi Gerussi.
Hizo su debut el año 1932 en la radio de Turín con el oratorio de Cattozzo I misterio dolorosi. Actuó de manera creciente hasta 1941, en que se casó y se retiró de los escenarios. Volvió diez años después, a petición de Francesco Cilea, que le pidió que cantara el papel protagonista de su ópera Adriana Lecouvreur, que se convirtió en uno de sus papeles determinantes.
Desde 1951 hasta su retirada definitiva, cantó en teatros de ópera de todas partes del mundo. En su regreso a los escenarios, su voz parecía más apasionada y expresiva, así como más potente que antes. Entre sus mejores papeles hace falta destacar las protagonistas de Adriana Lecouvreur, Iris, Fedora, La Bohème, La fanciulla del West, La Traviata, La Wally, Madama Butterfly, Manon Lescaut, Mefistofele y Turandot.
Cantó la Medea de Luigi Cherubini en Dallas en 1967.
En 1975, habiendo sido durante dos décadas estrella internacional y cuarenta dos años después de su debut en Turín, hizo su debut en el Metropolitan Opera House con una sensacional Tosca que fue coronada con una ovación de veinte minutos.
Sus últimas actuaciones tuvieron lugar en marzo de 1981 en la ópera La voz humana (La voix humaine) de Francis Poulenc (ópera con sólo un personaje). Olivero acabó su carrera a los 71 años, habiéndose extendido durante casi 50.
Continuó cantando localmente música religiosa y, también en la década de 1980, grabó algunas arias. Estas grabaciones muestran que, a pesar de que la voz ha envejecido, los recursos interpretativos y el aplomo técnico nunca la abandonaron. Afortunadamente, existen grabaciones suyas de óperas completas así como de árias y escenas.
La voz de Olivero es a la vez rica y bella, a pesar de que quizás es difícil de apreciarlo al principio. No siempre conseguía emitir sonidos convencionalmente bellos, pero siempre era expresiva. La expresividad fue siempre su punto fuerte. Su voz impresiona por su capacidad para capturar cada emoción con una intensidad particular. Olivero, quizás más que cualquier otra cantante, podía modular el tono de su voz según el significado del texto.
Como Maria Callas y Leyla Gencer, su capacidad de mezclar drama y música en un todo uniforme hicieron de ella una de las más grandes cantantes de todo los tiempos. Su estilo como actriz era igualmente intenso.
Hoy, Magda Olivero cumple 100 años. Vive, que es lo mejor que se puede decir de alguien que es, por si misma, parte de la historia musical.
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